La Coctelera

Categoría: Antonio García Trevijano

Espíritu europeo, de Antoio García Trevijano en el Diario de la República Constitucional

Espíritu europeo

Antes, las élites de EEUU se sentían atraídas por los países de sus antepasados europeos. Las dos guerras mundiales trocaron la admiración de lo antiguo por la eficacia de lo moderno. Hoy, ningún norteamericano busca en Europa respuestas a sus inquietudes. Aunque el tópico suplante al desconocimiento, es posible conocer la causa de la incomprensión mutua.

La demagogia inherente a la utopía de la igualdad, la necesidad de engañar a las masas haciéndoles creer que tienen o van a tener lo que no tienen, ni podrán tener, junto al esnobismo en las clases dominadas, han determinado el hecho exclusivamente europeo de que los partidos políticos, comunistas, conservadores o progresistas, y los medios de comunicación, sean medularmente socialdemócratas, es decir, no sólo antiliberales, sino antidemócratas.

La socialdemocracia se ideó para ocultar las causas objetivas de la lucha de clases. No procede de una degeneración del socialismo, sino de la demagogia populista del capitalismo. La hipocresía burguesa se llamó a sí misma socialdemocracia.

La pasión de parecer iguales, por miedo a la clase obrera, hizo perder el gusto por la distinción, es decir, por la libertad. En Europa ni siquiera se conoce lo que significa libertad política, en tanto que libertad colectiva. Tampoco se sabe lo que es garantía institucional de la libertad, pues todo se confía, como en los tiempos de las Monarquías ejecutivas, a la idiosincracia más o menos liberal de cada gobierno.

Si tuviéramos que elegir un solo elemento distintivo del espíritu europeo, no podríamos señalar el judeo-greco-romano ni el cristiano, que también fueron integrados en el espíritu americano. Tampoco la ciencia, la tecnología, la industrialización o el arte que, con diferencias de intensidad y extensidad, son comunes. Somos distintos por la preferencia que damos a la cuestión social en la legislación, y a la demagogia socialdemócrata en el lenguaje. La elevación de los salarios por encima del mínimo vital se hizo allí por motivos económicos optimistas; aquí, por causas polémicas y sentimientos derivados de la idea religiosa de caridad.

Florilegio

“Separada de la justicia, la caridad no soporta la inmediatez de su ejercicio. La asistencia social, inventada por el capitalismo prusiano, alejó de parroquias y domicilios a los limosneros, como ahora de los semáforos, para reducir el lagrimeo, satisfecho de su piedad, a la lastimera visión de miserias lejanas. La socialdemocracia, que no es democracia social, instituyó la caridad a distancia como deber del Estado”.

Función del diseño de Antonio García Trevijano en su Weblog

Diciembre 14, 2007

FUNCIÓN DEL DISEÑO

Los buenos diseños de un periódico, además de procurar las sensaciones agradables y las funciones utilitarias de los diseños industriales, cumplen una función pedagógica para los que lo escriben y leen. Les enseñan como hacerlo para que la lectura sea más rápida y el mensaje transmitido, mejor asimilado. Cuando nacieron los modernos periódicos, el diseño de la parte informativa apenas se diferenciaba de los ideados para opiniones y recreos.

Poco a poco se ha ido olvidando que la invención de la página escrita en varias columnas, obedecía tanto a facilitar la rapidez de lectura, como a la ordenación de las materias en una clasificación de las noticias y opiniones según el orden de valor que les daba el editor. Cuando los titulares que encabezan las noticias se extienden sobre el mismo número de columnas en diversos periódicos, se evidencia que, por encima de la competencia, hay un consenso informativo.

El nacimiento de un Diario de la verdad=libertad está obligado a dar a su diseño la estructura que permita comprender, sin dificultad, cual es el método adoptado para clasificar las materias tratadas. Una claridad que, en la complejidad de las sociedades actuales, no se desprende de la simple separación de noticias y opiniones, ni de la división del periódico en las tradicionales páginas de política nacional, política internacional, sucesos, sociedad, cultura, economía, deportes, espectáculo y recreaciones o pasatiempos. Por ejemplo, las noticias internacionales, de economía o deportes, tienen dimensionas políticas nacionales. La distinción entre sociedad y cultura es un misterio periodístico que nadie descifra.

El Diario español República Constitucional obedece al diseño de la triada. Las ciencias comenzaran a existir cuando separaron en clasificaciones diferentes los géneros y especies de los reinos animal, vegetal y mineral. Las tres funciones sociales de los pueblos indoeuropeos (guerrera, sacerdotal y productiva) determinaron la estructura trinitaria de la mitología y la teología. El pensamiento siempre ha sido subyugado por el equilibrio dinámico de la tesis, la antítesis y la síntesis. El número tres simboliza el equilibrio básico de la pluralidad. Derecha, izquierda, centro.

El numero tres de la futura forma republicana del Estado me dictó el logotipo de la cabecera; la elección del tipo de tres columnas en toda la estructura del Diario; la división de la portada en tres secciones (la crónica del como si, lo enemigo de lo natural y el editorial); la programación de la página titulada Panóptica política, para que se desarrollen en tres columnas diferentes las tres ideas-fuerza del MCRC (unidad nacional, sistema electoral mayoritario, presidencialismo en la forma de gobierno); y finalmente, las tres perspectivas de los principios y valores del MCRC (lealtad, verdad, libertad), que inspiran el Criterio democrático desde el que se mira y se juzgan, en tres columnas de la pagina 3, la deslealtad del Estado a la sociedad civil (deslealtad institucional de los organismos y órganos del Estado de Partidos), la impostura mediática que oculta esa deslealtad con ideologías estatales, y la deslealtad de los propios particulares a sí mismos y a su dignidad, mediante actos continuos y masivos de servidumbre voluntaria a la deslealtad de sus gobernantes. .

Son normales las dificultades que encuentran los escritores del MCRC para acomodar sus criterios de verdad, instalados en sus conciencias, a las exigencias de esta nueva estructura científica del periodismo, que rompe las formas tradicionales de redactar crónicas de actualidad y artículos de opinión. La manera mas rápida de llegar al dominio de los géneros periodísticos exigidos por el Diario español de RC, es procediendo de la misma manera que al desarrollar, en este blog, la Teoría de la República Constitucional. O sea, comentar aquí los textos de la portada, y estudiar minuciosamente los motivos de cada corrección, supresión o complemento a los artículos enviados para su publicación en el Diario.

Enlace al Diario español de la República Constitucional

Diseño definitivo, de Antonio García Trevijano en su Web

Diciembre 7, 2007

En el último diseño de la portada del Diario he realizado algunos cambios que han mejorado sensiblemente la estética. Siguiendo las sugerencias de los comentaristas más expertos, he reducido la dimensión del logotipo, hasta el límite que no altera la calidad de la creación original de Miguel. También se ha degradado el azul de la cabecera y del faldón hasta fundirlo con el blanco marfil de la página. He disminuido y equilibrado los título de conexión a las paginas 2 y 3, para dejar un espacio entre Panóptica y Criterio, destinado al anuncio de las columnas de la página 3. Para que el diseño de la portada sea definitivo, solo falta eliminar las líneas de la ventana de la fotografía y degradar sus bordes, si fuera posible, hasta que parezca surgir de la propia página.

En dieciocho días, los datos estadísticos del diseño y contenido de la portada del Diario son estos: 3.400 visitantes, muy poco más de 1.000 lectores diferentes y 8.300 páginas leídas. La cifra de lectores confirma mi cálculo sobre el número actual de miembros y simpatizantes del MCRC. Teniendo en cuenta que el Diario se reduce por ahora a una sola página y que aun no lo hemos anunciado, estamos en la misma situación de una revista que comenzara su publicación teniendo 1000 suscriptores. No es mucho, pero es una base firme de partida. Todo dependerá de la riqueza de contenido de la página (on line) Panóptica y de la calidad de los artículos de la página Criterio.

No quiero ocultar mi desencanto con los cronistas y articulistas que pretenden escribir en el Diario. Esperaba que fueran más conscientes de su responsabilidad. Tanto en el envío a tiempo de los textos, como en la calidad exigida. Hoy he tenido que componer casi por completo la portada. El texto de Fernando, muy corto, pero muy bueno. La crónica de Tony, demasiado larga, poco estructurada y sin ir acompañada de los hechos significativos, que debe seleccionar el cronista. Así no puedo continuar. Sería engañarnos. Hasta ahora solo Oscar, David Serquera y Fernando no han necesitado mi supervisión. Me cuesta más tiempo corregir y completar, respetando el punto de vista del autor y su estilo, que escribir nuevos textos. Y sigo sin comprender por qué no se ajustan las crónicas al espacio dedicado a ellas en el Diario.

Los cuentos de Tony son excelentes para la página 3. Puede hacer uno diario. Y sería una sección fija, con foto o caricatura, muy atractiva. Mientras no esté diseñada esa página, ruego a los comentaristas que no pongan en este blog sus artículos. Solo contestaré a los comentarios sobre el diseño, contenido de la portada y propuestas de crónicas del como sí.

La página 3 comenzaré a diseñarla tan pronto como vea los diseños que están preparando, los más expertos, sobre la página “on line” Panóptica. El trabajo de Miguel es muy bueno y alentador. Me satisface por completo. Pero me preocupa la dispersión que observo en los últimos comentarios. Dan la impresión de que consideran más urgente la difusión del Diario que su creación. Y me alarma la falta de noticias sobre el estado en que se encuentran los proyectos de diseño de la página Panóptica.

Retrasaré la publicación del número 1 del Diario todo el tiempo que haga falta hasta contar con un buen diseño de las páginas 2 y 3, y con unos escritores que no solo digan la verdad, como lo hacen, sino que la expresen con la originalidad, el vocabulario, el rigor gramatical y la finura de estilo que requiere la elevación cultural de los primeros repúblicos. Creo que lo podemos conseguir si os empeñáis en esa tarea. Y si releéis varias veces en tiempos separados lo escrito, veréis que está sobrado de frases hechas y repeticiones, hasta de palabras en un mismo párrafo. Para mí, lo más urgente es recibir textos que no tengan necesidad de correcciones. El cuidado en la escritura consiste en llevar al teclado lo que está bien concebido, bien pensado y redactado con la claridad de la oración sujeto-verbo-predicado. El propio acto de escribir bien obliga al proceso de estar pensando bien cada frase. Pues en la forma de construirla se compromete la singularidad mental y cultural del escritor.

He recibido algunos ejemplares de mi libro Ateismo Estético, editado en Méjico e impreso en China. Creo que estará en librerías hacia mediados de Enero. La edición es muy lujosa. Aunque la letra es un poco pequeña, resulta fácil de leer y la portada es muy atractiva. Espero que el peso del papel couché corresponda al del cuerpo literario “echado” sobre él. Y recomiendo a mis amigos que lean con mucho detenimiento el capitulo dedicado al “Arte de pensar y de mirar el arte”. Tal vez les sirva para escribir como se puede esperar de su inteligencia y cultura.

Diseño 00, de Antonio García Trevijano en su Weblog

Noviembre 24, 2007

Todavía necesitaremos varios números de ensayo hasta que el diseño responda al contenido y la finalidad editorial. Hasta hoy he trabajo solo para poder presentar un esquema gráfico sobre el que discutir colectivamente para mejorarlo. Si no lo hubiera hecho de este modo, todavía estaríamos hablando en el vacío. Sé lo que busco, pero carezco de los conocimientos técnicos mínimos, que el arte gráfico requiere, para encontrarlo.

De ahí la temeraria novedad de que haya lanzado a la publicidad algo que normalmente debe quedar secreto hasta su definición última. Una temeridad que escandaliza a todo experto profesional del periodismo, como si estuviera cometiendo un acto de profanación de los misterios de la creación mediática. La competencia para fundar un nuevo medio no es diferente de la exigida para cualquier otra empresa editorial. No hay razones objetivas, salvo las de mercado, para mantener en secreto el proceso de su creación.

En mi caso, la necesidad de ser ayudado en público ha obtenido el concurso de la virtud colectiva que se desarrolla ante lo necesario. Las críticas de carácter estético, tienen fundamentos objetivos. Por eso he comprendido en el acto las que deben ser obedecidas. No tienen, en cambio, justificación funcional las sugerencias que he recibido para aproximar nuestro diseño al que parece gustar a los usuarios habituales de Internet. Pues nuestra finalidad no es adaptarnos a los gustos imperantes en la cantidad, sino difundir los adecuados a la calidad.

Es irrenunciable mi propósito de que el Diario se parezca más a la prensa tradicional que a la digital. Y que nuestros lectores, pudiendo imprimir en un solo folio la portada, puedan leer su contenido sin necesitad de buscar continuaciones en otras páginas. La ausencia de publicidad nos permite disponer de mayores espacios que los demás medios digitales. Si llegamos a editar un Diario de 8 páginas, como es mi propósito, equivaldría en espacios informativos y reflexivos a los medios digitales de 16.

El verdadero problema que no esperaba encontrar es la resistencia de los articulistas a respetar las instrucciones sobre la dimensión de sus textos. Aunque no tengan experiencia de escribir en periódicos, me resulta incomprensible que no entiendan la imperatividad de las directrices del editor. A partir del diseño nº 000, no leeré siquiera los textos que excedan de dos páginas del ordenador, ¡aunque fuera Nietzsche quien me los enviara!

Los de portada tendrán la dimensión que se ajuste al formato de las tres secciones, tal como hago hoy en la columna editorial. Los títulos de las columnas ya no son necesarios puesto que todos saben ya cual es el género periodístico de cada una. Y al suprimirlos ganamos hacia arriba el espacio suficiente para que la portada coincida con las medidas de la impresora.

Cada día podremos un punto rojo, naranja o verde, como si fuera un semáforo político, a los hechos más significativos de la jornada, como valoración de los mismos, según el criterio de la lealtad-verdad-libertad.

Seguiré presentando en este blog cada variación de diseño, para que de este modo no se acumulen los comentarios y sea más fácil el trabajo de seleccionar críticas y textos. Como veis, el Diseño 00 es mucho más estético y funcional que el 0. La frase “veritas sive libertas” no es necesaria. Está contenida en las iniciales del Logotipo y en el faldón que anuncia a los escritores de la Libertad. El acento rojo sobre República no solo tiene valor simbólico de la sangre derramada por ella. Es un punto estético de vitalidad, con funcion análoga, en la composición de la cabecera, a la diminuta imagen blanca que ponía el gran pintor holandés, Joaquín de Patinir, en todos sus paisajes.

A partir del siguiente nº, Oscar se hará responsable de la columna central de la portada, y Rafael Serrano de la edición de los seis escritores diarios de la Libertad. También habrá enseguida un responsable de la primera columna de la portada. Así podré concentrarme en la concepción de una nueva página para los diaristas de la lealtad, con diseño más cercano a los de Internet.

Diario Español, de Antonio García Trevijano en su Weblog

Noviembre 18, 2007

Ha llegado el momento que esperábamos. Estamos preparados para emprender la edición de un Diario Español de la República Constitucional, digno de su nombre. Hemos necesitado 18 meses para formar un equipo de escritores leales a la verdad, la libertad política, la libertad de pensamiento, la competencia profesional y la finura de espíritu. No porque diéramos por supuesta una falta de inteligencia, honestidad y cultura entre los españoles actuales. Defecto imposible de existir en una sociedad civil que ocupa una destacada posición mundial en la esfera de la economía. Pero si porque damos por comprobado, y a la vista está, que a la Monarquía de Partidos la sostiene una sociedad pública caracterizada por la mentira, la incompetencia y el cinismo. Ni una sola Institución politica o cultural es merecedora de respeto.

Hoy tengo la satisfacción de presentaros el diseño del nº 0 del Diario Español de la República Constitucional . La sencillez de su formato obedece a la propia naturaleza de una publicación diaria, que no se propone competir con los periódicos de información, ni aumentar la intoxicación ambiental producida por la avalancha de noticias y la repetición propagandista del pensamiento único.

Sin una jerarquía de valores culturales, objetivamente valiosa, los personajes y los hechos no se sitúan en el sitio que les correspondería, según el orden de méritos o de trascendencia positiva de las acciones, sino en el lugar propiciado por el oportunismo rampante del arbitrio de los poderes mediáticos y políticos. Un inteligente ministro de Franco, supremo traidor a la causa dinástica de la Monarquía, me explicaba la alta posición politica y social de los pequeños hombres de la dictadura, del mismo modo que la ubicación de las escupideras en las copas de los árboles. Sin saber que allí las había puesto una riada, nadie lo comprendería. Antes de que las mangueras de la verdad limpiaran los residuos de aquella épica de sangre y barro, otra inundación exorbitante de mentiras y corrupciones, la farsa monárquica del continuismo sin continuidad, colocó las letrinas de la urbe en los áticos del poder, la cultura y el prestigio. Las olemos cada día.

Todo diseño es un objeto de arte, en funcion de la virtud que pretenda desarrollar con su contenido. Ninguno es objetivo o neutro. Su belleza estética es funcional. Nuestro diseño no esta concebido para propiciar el atractivo de las virtudes éticas, que se presuponen en el lector de este Diario, sino la utilidad social de las virtudes dianoéticas o intelectuales. Las que no se adquieren por instinto o hábito, sino por la instrucción o la experiencia. Las virtudes que orientan o dirigen la acción politica y cultural de la verdad y la libertad. Por esa razón funcional, nuestro diseño no podía imitar, ni parecerse, al formato de ningún periódico digital.

Tanto el grafismo como la tonalidad del color evocan, en el logotipo y el diseño, sentimientos de serenidad mediterránea ante los acontecimientos que han jalonado de sufrimiento y esperanza la historia de la acción humana. El respeto a lo natural, se une en un solo cuerpo de escritura, a la crónica de la verdad, la reflexión editorial de la libertad y los escritores de la lealtad. La república de los repúblicos y la democracia politica de la modernidad germinan ya en el formato del periódico. Por eso me parece bello.

El logotipo ha sido dibujado por nuestro Miguel, siguiendo paso a paso las instrucciones de mi concepción. Las tres columnas griegas evocan la democracia y el hecho de que la instauración de un nuevo tipo de República sea la tercera expresión republicana.

Lo demás no necesita ser explicado. Salvo que me hago editor personal para hacer frente a los gastos financieros y a las responsabilidades legales que se deriven de la publicación. Pues de sobre conocéis la dificultad de encontrar un director valeroso. Que sigo buscando para cumplir ese requisito legal.

Para acceder al diseño debéis pinchar en la conexión que figura a la cabeza de los enlaces puestos en mi blog, con el titulo “Diario de la RC”. Los que tengan el navegador Mozilla también pueden acceder a través de la web www.exedoo.com Pues el Explorer comete muchos errores, entre otros reproducir la cabecera dejando todo lo demás en blanco, o juntando renglones en las páginas de los escritores. Para volver a la portada se debe pinchar el logotipo.

Espero con impaciencia vuestros comentarios. Leeré con suma atención todas las sugerencias que puedan mejorar el tipo de letra, o cualquier detalle del diseño, por mínimo que sea.

A partir de este artículo no escribiré nuevos ensayos en mi blog, que permanecerá abierto para que, en los comentarios a este último escrito, expreséis vuestras opiniones sobre los números 0 del Diario, y redactéis artículos para las distintas secciones del periódico, salvo el editorial y el florilegio.

Este sistema provisional durará hasta la publicación del ejemplar nº 1, donde ya funcionaran los enlaces a los comentarios y las cartas al editor. Éstas se reservan para los miembros actuales y futuros del MCRC, previa petición de la clave al coordinador administrativo de la edición, puesto que ofreceré a Miguel. Esto supone que el solicitante expresará que es ya miembro conocido del MCRC, o que lo hace en el instante de la petición, por aceptar sin reservas la Declaración de Principios y Valores del “Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional”, indicando el lugar de su residencia, para que se vaya formando un archivo de miembros por mónadas de distrito, que será la base orientativa del momento en que debe convocarse la Asamblea Constituyente del MCRC.

Sólo queda por expresar mi profunda gratitud a todos los que me han ayudado a la elaboración gradual de la Teoría de la República Constitucional y, ahora, contribuyen activamente al éxito de este excepcional y único Diario de la lealtad pública y la adhesión intelectual a la verdad=libertad. Gracias. Gracias. Gracias.

Somos repúblicos, de Antonio García Trevijano en su Weblog

Noviembre 11, 2007

Desde la muerte del Emperador del Sacro Imperio y Rey de Sicilia, Federico II de Hohenstaufen (1250), hasta la obra de Marsilio de Padua (“Defensor pacis”, 1324), en tan solo 74 años, se desarrolló la revolución intelectual, social y política que dio lugar al nacimiento del Estado y del republicanismo moderno.

La vivacidad y brillantez del Renacimiento amortiguaron las resonancias de las innovaciones políticas de la época que lo engendró. Y las luminarias medievales de Roger Bacon, Aquino, Dante, Giotto, Escoto, Occam, Lulio o Marco Polo, dejaron en las sombras del olvido a los creadores de aquel republicanismo que sintetizó el gran Marsilio, como concepto diferente de la virtud romana, idealizada por Maquiavelo siglo y medio después.

La investigación histórica realizada por N. Rubistein (1982), sobre la ideología de las ciudades italianas que se independizaron del Imperio, tras la muerte de Federico II y la traducción de “La Política” de Aristóteles, ha facilitado el acceso a la originalidad del pensamiento republicanista, especialmente en las obras de Brunetto Latini (canciller del primer gobierno popular de Florencia); Ptolomeo de Lucca (prefería la República por analogía de las ciudades italianas con la polis griega); y fray Remigio de Girolami (“quien no es ciudadano no es hombre”).

Lo más interesante y aleccionador fue el hecho de que un nuevo concepto de República, diferente del romano, se anticipó a la ideología monárquica, tan pronto como aquellas ciudades italianas se encontraron liberadas, sin proponérselo, de la potestad del Emperador fallecido. Donde no había un “suzerain” feudal, la Ciudad tuvo que levantar la autoridad política sobre la estructura de la sociedad civil, dividida en las categorías correspondientes a la tripartición funcional de los pueblos indoeuropeos (sacerdotes, guerreros y productores). La modernidad de los repúblicos unió la estabilidad política de la ciudad a la estructura gremial de su economía. Las Repúblicas gremiales se sentaron en una civilidad natural que luego rompió la soberanía de los Príncipes.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua distingue con precisión lo que significa ser republicano o republicana, respecto de lo que supone ser repúblico. Mientras que lo republicano se refiere a todo lo perteneciente o relativo a la República, lo repúblico solamente designa las personas capaces de desempeñar oficios públicos, versadas en la dirección del Estado y competentes en materia política.

Basándome en ésta distinción, justifiqué la impropiedad de llamar republicanos a los que, estando bajo una Monarquía, se declaran promotores de un tipo de República radicalmente diferente de todos los que existieron en el pasado. La voz republicano se refiere, en la España monárquica, a los partidarios de restaurar la segunda República Parlamentaria, o la primera Federal, es decir, a personas no versadas en la dirección del Estado, ni competentes en materia política. El sentido de la voz “repúblico”, un neutro sin femenino, lo expliqué en los artículos “Repúblico” y “República en potencia”, publicados aquí los días 1 y 3 de junio de este año.

Fueron forzosamente repúblicos, y no simples republicanos, los revolucionarios que, siendo competentes en materia política, por haberla extraído de las experiencias de la historia y de los grandes pensadores antiguos, tuvieron que crear Estados independientes, como sucedió a los republicanistas medievales y a los fundadores de EEUU. También lo son quienes ahora han ideado y asimilado un tipo democrático de República, que supera las impotentes Monarquías y Repúblicas de Partidos, para resolver los problemas de la libertad política y de los nacionalismos interiores, dejados sin solución europea por, y desde, la Revolución Francesa.

Sorprende el paralelismo existente entre los repúblicos medievales, que prefiguraron el Estado, dando potestad política estable a la sociedad civil de las Ciudades independizadas del Sacro Imperio, y los repúblicos americanos que crearon el Estado Federal estadounidense, dando su control a la sociedad civil de las colonias independizadas del Imperio británico. La conciencia de la necesidad de una sola autoridad política se derivó de la exigencia de dar status permanente, o Estado, a la sociedad civil.

En Europa, la historia de las vicisitudes del Estado y de las ideas políticas, a partir de la Revolución Francesa, no solo ha sido diferente o divergente, sino opuesta. No es momento de explicar las causas materiales o espirituales que desviaron al Estado de su fuente original. Me limito a llamar la atención sobre la nefasta ideología que construyó el concepto de soberanía, en lugar de potestad, desconocido en la antigüedad y en los estadistas norteamericanos, y que lo ha mantenido bajo todas las formas de Estado y de Gobierno. Pues la soberanía no solo fue “leitmotiv” de las monarquías y las filosofías que las legitimaban (Bodin, Hobbes), sino también del pensamiento revolucionario que las combatió (Rousseau, Robespierre, Lenin).

La soberanía, cualquier soberanía -la popular, la de clase social, la parlamentaria, la de partido único y la de partidos estatales- es incompatible con la libertad política y con la democracia política. La simple idea de separación y equilibrio de poderes estatales hace imposible la soberanía indivisible de alguno de ellos.

El Estado de la República Constitucional tendrá la potestad exclusiva de sancionar las leyes, de darles fuerza coercitiva y de ejecutarlas, pero ninguna soberanía sobre la sociedad civil que lo fundamenta y legitima. Por eso tiene tanta importancia, para los actuales repúblicos españoles, conocer la filosofia de la sociedad civil (económica), sobre la que Marsilio de Padua construyó la teoría del moderno Estado, laico y republicano. Pues la “res publica” es la sociedad civil; la República, su ordenamiento político; el Estado, la representación legal de su potestad.

Marsilio definió la sociedad civil y el Estado, con la ayuda de Jean de Jandun, profesor del Colegio de Navarra: “Para vivir de modo suficiente, los hombres se han asambleado a fin de buscar y entrecomunicarse naturalmente los diversos productos necesarios. A esta asamblea, así realizada y con suficiencia para satisfacerse, se la ha llamado Ciudad. Como el hombre de una sola profesión no puede procurarse las cosas para la suficiencia de su vida, ha sido precisa la reunión de diversos oficios u órdenes, que son las partes de la sociedad, en su multiplicidad y diferenciación”.

Consciente de la división tripartita de las funciones sociales, Marsilio excluyó el orden sacerdotal y el guerrero de la potestad politica, para atribuírsela al tercer orden, el de productores, la “melior pars”. La parte que Locke consideró la más inteligente, y Friedrich, la más valiosa. La parte que, después de la perversa transformación de los órdenes funcionales en tres mentalidades sobre el sujeto de la soberanía, he llamado tercio laocrático.

El afán de conquista de la soberanía politica transformó la tripartición natural de las funciones sociales, en las tres mentalidades ideológicas que martirizan el mundo moderno. El autoritarismo militar-eclesiástico tradicional o de partido único del Estado Totalitario; el liberalismo de la mano visible de los planificadores y dominadores del mercado económico; el socialismo o socialdemocracia de la economía de bienestar, que redistribuye las rentas según las apetencias del mercado político.

Pese a creerse moderna, la polémica anarco-liberal, sobre el Estado mínimo, continúa en la anacrónica órbita astral de la soberanía. Y es lógico que se mantenga hasta que la sociedad civil recupere el control del Estado. Pues si ningún poder estatal fuera soberano, y el poder legislativo correspondiera a la sociedad civil, como en la República Constitucional que proponen los repúblicos españoles, la mayor o menor extensión de las competencias estatales sería indiferente para la libertad politica.

La embriología explica en qué estado del germen se producen las mutaciones que originan la progresión individual de las especies. Para crear una nueva especie democrática de Estado, debemos retroceder, en la evolución del pensamiento político, hasta los repúblicos medievales que desconocieron la soberanía, y dieron la potestad a la representación civil. Más que por su idea profana del poder, Marsilio ocupa el más alto rango en la ideación del mundo moderno, por haber descubierto la representación política. Algo inconcebible en el mundo greco-romano. La representación monádica de la sociedad civil, en la Asamblea Legislativa de la República Constitucional, retira del Estado la soberanía, y le da la potestad ejecutiva de las leyes y de la Administración pública.

Acción gradual de Antonio García Trevijano en su Weblog

Noviembre 4, 2007

Si no es utópica ni puramente descriptiva, si contiene algo de orden normativo o prescriptivo, toda teoría política es una llamada o convocatoria social para realizarla en la sociedad y en el Estado. Entendida como los pensadores franceses que la crearon, la filosofia de la acción no tiene esa finalidad. Solo se interesa por la naturaleza metafísica y óntica de la acción humana. Para evitar repeticiones sobre la acción política que reclama la teoría de la República Constitucional, me remito a los artículos “Esquema Republicano” y “Proceso Republicano” (dos y cinco de julio pasado), de los que el presente ensayo es su continuación.

Una teoría que ha identificado la verdad política con la libertad de acción colectiva, comienza a ser activa con ese descubrimiento. A diferencia del efecto contemplativo causado por las verdades puramente teoréticas o estéticas, el conocimiento de la identidad verdad-libertad produce al instante una verdadera con-moción, es decir, un impulso instantáneo de moverse hacia los demás, en busca de compañía para vivir en la verdad con la acción colectiva de la libertad. Una conmoción mental y espiritual que se traduce en determinación para la acción, en estar dispuestos a la libertad.

Esa determinación es, por sí misma, una acción espontánea y horizontal, distinta de las acciones basadas en la verticalidad de las relaciones organizativas. El impulso para la acción colectiva que haga obrar a la libertad política, no proviene de tendencias altruistas carentes de otros campos de satisfacción. Ni lo causan sentimientos de culpabilidad sublimados en un deber social. Tampoco responde a la aspiración existencialista de una vida auténtica, creyente de que hacer “algo” es hacerse a sí mismo. Pues si ese algo es libertad colectiva, todos se hacen a sí mismos y a los demás.

El ímpetu del nuevo saber, el de la verdad-libertad, sale de una inspiración intuitiva. La de que es posible realizar lo tanto tiempo deseado, y que parecía imposible: una creación cultural y política, donde se disuelva la servidumbre voluntaria y se resuelvan los conflictos sociales, en la polaridad opositiva Estado-Sociedad.

Una obra de tal envergadura requiere un agente social de potencia similar, y un proceso de realización dictado por la propia obra en cada una de sus fases de ejecución, como en la creación de las grandes obras de arte. El tipo de actividad de una acción gradual.

La primera fase comenzó con la creación, asimilación, difusión y divulgación, en Internet, de la verdad-libertad. Esta etapa no terminará hasta que la importancia difusora del Diario digital, de pronta edición, la distribución de mi nuevo libro “Hacia la República Constitucional”, las conferencias, seminarios, folletos y toda clase de intervenciones en actos públicos, que realice el excelente equipo de escritores y oradores, formado durante la creación articulada de la Teoría, aseguren la participación de miles de repúblicos de toda España en la asamblea fundadora del “Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional”. Con un trabajo inteligente y constante, esta meta puede alcanzarse aproximadamente en un año.

El segundo grado del proceso se iniciará con la concreción de la acción colectiva que ha de conquistar la libertad política constituyente. La definición de esa acción específica no se puede abandonar a la espontaneidad horizontal de una serie de repúblicos. Para que se integre en una acción gradual y progresiva, esa serie ha de transformarse en agrupación, y ésta en movimiento social y cultural. Su acción específica será definida en la ponencia estelar que deberá aprobar la asamblea constituyente del MCRC. Ahora no podemos concretarla, tanto por desconocer el estado de la situación política en ese momento, como por obvias razones estratégicas de prudencia, de las que no se debe excluir una acción original y sorprendente.

El aplazamiento de la acción decisiva no impide, a la actual serie de repúblicos, participar en iniciativas tendentes a crear un ambiente social y político propicio al cambio de la Monarquía por la República Constitucional, como la abstención electoral; la deslegitimación de la clase política; la denuncia de la corrupción endémica de la Monarquía de Partidos; la explicación de las causas del independentismo y del modo de superarlas, con las Instituciones de la democracia en la República Constitucional.

Sin claros antecedentes históricos sobre el tipo de acción, continua y pacífica, que pueda llevar al tercio laocrático de la sociedad hasta la conquista de un verdadero periodo de libertad constituyente -donde la sociedad gobernada elija, en referéndum plural, la forma de Estado y de Gobierno-, no podemos imitar las acciones políticas que tipificaron los movimientos anarquistas hacia la huelga general revolucionaria, ni las derivadas de las estrategias del doble poder, definidas por Lenin y Gramsci, en coyunturas históricas de excepcional violencia civil, como métodos de conquista del Estado, mediante la praxis de un partido de la clase obrera, en lucha abierta contra las clases pequeño burguesa, burguesa y capitalista. Tampoco nos sirve de ejemplo, pese a que no hubo víctimas, la marcha fascista sobre Roma.

Nuestra teoría de la verdad-libertad, y la propia naturaleza democrática de la República Constitucional, son incompatibles con cualquier tipo de acción que se proponga la conquista del Estado, pues su único objetivo es la conquista de la sociedad civil o, mejor dicho, la conquista de la hegemonía política en todos los ámbitos culturales de una sociedad plural y moderna.

Por ser pública, continua y gradual, la acción república se separa abismalmente de las acciones secretas, repentinas, discontinuas y técnicas, que Malaparte consideró típicas de los golpes de Estado.

Por ser ciudadana, se distingue ontológicamente de la praxis marxista, que pretendió dar conciencia de clase al movimiento obrero, frente a la identificación de la clase burguesa con el Estado. Una conciencia unitaria de clase autosuficiente que el movimiento sindical no podía dar, al estar basado en la obtención paulatina de mejoras laborales, mediante huelgas parciales y pactos con el enemigo patronal, a quien legitimaba en tanto que parte contractual propietaria de los medios de producción.

Y por ser coherente con la teoría de la que se desprende, la acción república combinará el principio de individuación con el de individualización, para hacer del distrito electoral la mónada de coordinación del movimiento ciudadano por la libertad política.

Principio de individuación, de Antonio García Trevijano en su Web

Octubre 28, 2007

Si tuviera que elegir una sola perspectiva desde la que contemplar la aventura del pensamiento en la civilización occidental, la situaría en el eje de la polaridad que enfrenta a los individuos entre sí y con la Nación estatal. Pues la historia de los acontecimientos gira en torno a este conflicto, y la historia de las ideas se ha centrado nuclearmente en los modos de resolverlo. Esos modos, cuando fueron asimilados por una parte significativa de las colectividades nacionales, se convirtieron en las concepciones del mundo llamadas ideologías.

En las pequeñas comunidades primitivas no existía la polaridad causante del conflicto. Sus miembros, siendo individuos orgánicos, no podían tener conciencia de su singularidad. Pensaban y obraban en función del grupo. La tensión aparece cuando la insuficiencia de recursos alimenticios determinó la división, en mitades, de las comunidades trashumantes, si pasaban de 200 miembros, aproximadamente. Una mitosis social análoga a la celular, e incluso a la que parece producirse en la fisión atómica, según la teoría física de cuerdas. Y la tensión latente se convirtió en conflicto declarado, cuando la suficiencia de recursos despertó la creencia de que el bienestar del individuo no tenía por qué coincidir con el de la comunidad.

Esta creencia se exacerbó en la mentalidad optimista de los emigrantes que colonizaban las fértiles praderas norteamericanas. Lo que extrañó a Tocqueville fue que allí se estaba desarrollando un individualismo posesivo a la par que la igualdad social. La Gran Depresión elevó a la Presidencia de EEUU a Hoover, que hizo la apología del “individualismo puro”, base de la atomista ideología liberal, mientras que en Alemania la holista ideología del “nacionalismo total”, creó a Hitler. Basta recordar estos hechos elementales para comprender que la sabiduría política requiere un profundo conocimiento de la polaridad individuo-nación. El pensamiento occidental no la podía entender porque redujo el individuo a una sola de sus dimensiones, la de su singularidad, sin considerar la primaria, que es su indivisibilidad nativa.

El individuo, sustancia indivisible, fue la base de su unión hipostática en la persona. Cicerón le dio sentido enigmático al hablar de individuos frente a “dividuos”, sin explicarlo. Jacob Burckhardt, autor de la voz Renacimiento, vio en él “el impulso hacia el supremo desarrollo individual”, sin percibir que el individuo medieval, de donde venía el renacentista, aún imponía un sentido individuacional a la vida dependiente del Creador.

Leibniz, el pensador que más atención prestó al tema, analizó el principio de individuación como si fuera el de individualización. Y toda la filosofia posterior, incluso la de Kant, no pudo salir de esa confusión. La ideología liberal ha pagado, con el precio de su fracaso político, la concepción de la sociedad en términos exclusivamente individuales, al tomar el modelo de hombre económico como arquetipo del hombre político. Los creadores del individualismo metodológico (Popper, Isaiah Berlin) pretenden ser científicos y, sin embargo, no pueden explicar por qué en la sociedad, que es anterior al individuo, hay comportamientos sociales que no están en las conductas individuales.

La libertad política, diferente de las libertades personales, sería utópica si la antropología hubiera demostrado que los rasgos orgánicos del antiguo individuo, indivisible e integrado en su especie grupal dividua, han desaparecido por completo en el individuo singular y egotísta del mundo moderno, que proyecta su indivisibilidad hasta la globalización individua de la economía mundial. El altruismo, que sería absurdo en el campo económico, nuclea la familia, la vecindad, la amistad y el patriotismo. La afirmación de que todos los comportamientos sociales se explican por los individuales seria, como dijo Durkheim, el primer paso hacia la negación de la comprensión sociológica. La libertad colectiva, difícil de idear por seres totalmente individualizados, aparece en la evolución de la especie como necesidad vital de las personas individuacionales, que conservan el instinto de lealtad genética a la humanidad que las produce. Solo Hegel, al analizar el individuo desde el punto de vista de la posibilidad de su individualización, consideró al hombre meramente particular como un ente incompleto, que no llega a ser universal.

Me propongo desembrollar este “espinosísimo” asunto partiendo de seis postulados, que trataré de definir sintéticamente al modo geométrico de Spinoza.

1. Si los idiomas indoeuropeos han expresado, con vocablos distintos, las ideas de “individuar” y de “individualizar”, será porque, desde su origen, sintieron la necesidad de distinguir entre la acción de hacer, de lo dividuo, algo indivisible, y la acción de hacer, de lo individuo, algo particular o singular; entre la acción de producir seres de igual naturaleza, y la acción de dotarlos de predicados diferentes; entre la acción de multiplicar el número de seres sustancialmente indiscernibles, y la acción de discernirlos por sus accidentes singulares.

2. La especie humana es divisible. Puede imaginarse su exterminio casi total, y el residuo seguiría siendo no una especie distinta, sino “la” especie humana. Como todas las especies, la nuestra procura sobrevivir, mientras dure la Naturaleza que la hizo nacer y crecer, con la multiplicación indefinida de seres indivisos que la mantengan viva.

3. La inmortalidad relativa de la especie humana requería la producción incesante de seres mortales que la individuaran. Esta operación evolutiva precisaba de un código genético que transmitiera a todos los seres indivisos un mismo instinto de lealtad orgánica a su especie. La inmortalidad de la especie resultaría, así, de la mortalidad de sus individuos.

4. Los factores de la evolución no actúan sobre la especie, sino en los individuos. Pero la “unidad de evolución” no está en el individuo singular, sino en el binomio heterosexual que lo crea. Mientras que haya una pareja reproductora, habrá especie. Los mitos diluvianos definieron esta necesidad en el reino animal. El principio de individuación humana opera en el cigoto. Mientras que el de individualización actúa en el individuo inmerso en su entorno cultural. La pareja dividua produce individuos. La sociedad, personas individualizadas.

5. La adaptación a cada nicho ecológico y cultural ocasionó el desigual desarrollo individual, a costa de la amortiguación gradual del instinto individuante de lo colectivo. Instinto universal que la especie trata de perpetuar mediante un mecanismo asombroso: para crear individuos, la pareja dividua se hace la ilusión carnal de que ella misma se individua para siempre en el amor reproductivo.

6. Lo individual creó los derechos de la persona, la riqueza y pobreza de las naciones en el mercado de los átomos económicos, la ideología liberal y el anarquismo. Lo colectivo segregó la ideología nacionalista, la socialista y la comunista. Individualistas y colectivistas no han visto la necesidad de mantener el equilibrio, en la polaridad que los enfrenta, al ignorar las funciones mediadoras que realiza el universal principio de individuación.

A lo largo de la historia cultural, distintas ideas filosóficas quisieron identificar el factor individuante de la especie humana, cuando la ciencia biológica no había nacido. El pensamiento griego lo encontró en uno de los dos componentes de la sustancia individual. Pero la materia, al ser una potencia no conocible sin el concurso de la forma específica, solo distingue clases genéricas de individuos, a un hombre de un árbol. Y la forma humana no distingue a Pedro de Pablo. De ahí que el pensamiento medieval creyera que el principio de individuación no se podía demostrar, sino solo mostrar con la existencia de cosas singulares (Duns Escoto), puesto que se suponía que la propia entidad individual era el factor individuante. Tomas de Aquino, como policía de Dios, lo buscó y encontró en las “notas individuantes”, o sea, en lo que se hace constar en partidas de nacimiento y documentos nacionales de identidad. Estas ideas escolásticas, filtradas por el tamiz de Suárez, llegaron a Leibniz. Quien, sin acudir a su propia concepción monádica del mundo, no salió del escotismo ni del aquinismo, al fundar la individuación en la entidad individual o, en clara contradicción, en los factores de lugar y tiempo, como haría después Kant al situarla, fuera de la cosa, en esas categorías. Lo moderno no se distinguió de lo medieval. Y ahí continuamos.

El descubrimiento de que los procesos de individuación y de individualización se diferencian y complementan en la evolución de las especies, trastorna los presupuestos que hasta ahora han condicionado las ideas políticas sobre la relación del individuo con la sociedad, y la de ésta con el Estado. Pero eso no implica que la ciencia política pueda o deba ser un calco de la ciencia natural, como pretendieron los defensores del darwinismo social, de la “física social” y de la “ética evolucionista”. La libertad actuante en el proceso de la individualización de la persona, orientado por la cultura, no puede ser explicada con el proceso de individuación, determinado por la genética.

La lucha de clases sociales no está basada en la lucha por la supervivencia de la más apta, ni el nacionalismo lo está en la superioridad genética de una comunidad sobre otra. Pues la evolución natural no actúa sobre las clases o las naciones, sino exclusivamente en los individuos singulares. Y cada vez es más patente, en las ciencias del comportamiento humano, que el entorno cultural es tan decisivo como el código genético neuronal. Por lo que la política, como fenómeno colectivo, ni puede copiar simplemente las leyes naturales, ni tampoco ir contra ellas.

Sería muy largo ilustrar, con ejemplos históricos o ideológicos, la antinaturaleza política de considerar a las personas como átomos de la masa social. Bien para hacerlas iguales (socialismo), como si el principio de individualización no las hiciera forzosamente diferentes, o bien para mantenerlas en la diferenciación social (liberalismo), como si el principio de individuación no las hiciera sustancialmente iguales. El subterfugio de los derechos sociales y los derechos individuales no oculta la hipocresía congénita de la ideología socialdemócrata de los actuales partidos europeos, sean de la derecha o de la izquierda convencional, ni el primitivismo de la mitosis nacionalista ¡en tiempos de abundancia de recursos!

La aplicación del principio de individuación a la política, sobre la que ahora sólo actúa el de individualización, obliga a discernir la unidad irreductible de la acción colectiva que, como unidad de evolución cultural, constituye el fundamento del progreso.

Es evidente que esa unidad irreductible no puede ser la persona individual, como creyó la Revolución francesa. Ni tampoco los sofisticados partidos estatales, impuestos por las Constituciones europeas, como legado de los Estados totalitarios. Esa unidad elemental debe buscarse allí donde la acción de la libertad política puede despuntar, con posibilidad real de producir efectos en la configuración y funcionamiento del Estado. Por esa precisa razón, tal unidad no la puede constituir la representación municipal, familiar y sindical, que pretendieron eternizar las dictaduras ibéricas de la “democracia orgánica”.

Como ya saben los lectores de mi pensamiento político, esa unidad individuante de la acción política está concentrada, como el dividuo amor reproductivo de individuos, en la conjunción de las afinidades electivas de la comarca vecinal, en la mónada individuante de la “res publica”, es decir, en la mónada de cada distrito electoral. Nada social más pequeño puede ser operativo en la acción política de la libertad. Lo que es dividuo en la población de la comarca, engendra individuos-actores de la representación e integración de sus genitores civiles, que unen las mónadas individuales en una Asamblea Nacional.

El poder legislativo emerge así de la Sociedad política con un movimiento ascendente, que modera la energía descendente desprendida de la naturaleza coactiva del Estado. Mientras que en las mónadas electorales se elige un representante, con mandato imperativo susceptible de revocación, en la monada nacional se designa directamente la persona que ha de ocupar la jefatura del poder ejecutivo, para aplicar las leyes de la Asamblea y dirigir la Administración Pública.

La relación entre ambas Instituciones, la legislativa y la ejecutiva, se rigen por el principio de reciprocidad, según las reglas garantistas de la separación de poderes. Y la composición de la Asamblea, con mónadas divergentes o contrarias, la resuelve no solo el pluralismo interno de cada mónada, similar al de las demás, sino el hecho ontológico de que las mónadas no son solo realidades políticas posibles, sino realmente composibles.

El concepto de composibilidad se opone al de componibilidad. Solo son componibles las entidades previamente descompuestas o rotas. Las Restauraciones son vanos intentos de recomponer los restos de un pasado muerto, con el pegamento de palabras modernas, que traicionan las ideas que las pusieron de moda en el lenguaje de los nuevos tiempos. La Transición española hizo esta recomposición de la dictadura, de modo tan demagogo y chapucero, que ella misma se vio obligada a cubrir sus fallas y remiendos bajo el manto del consenso. Una idea tan primitiva que no solo niega la libertad política, sino la posibilidad de la política. La idea de República Federal en una sola nación, es otro ejemplo de componibilidad sin composibilidad. Una composición musical no es una componenda de sonidos.

Sólo las posibilidades son compatibles entre sí, en tanto que no sean realidades. Pero no todas las realidades son compatibles. Para serlo han de tener una naturaleza compositiva que les permita ser sometidas a leyes uniformes. Lo cual presupone que las realidades contrarias, no las contradictorias, estén en la misma relación de polaridad opositiva, como sucede en los campos magnéticos creados por el eje polar terráqueo.

El principio de polaridad afecta a todas las categorías humanas de contrariedad, oposición, complementariedad y tensión. Carlos Marx, pese a su descomunal talento, no quiso saber que la lucha de clases producía una dialéctica social que no escapaba del campo de influencia de la rotación de la humanidad, en torno a la polaridad libertad-servidumbre. Se olvidó de lo que él mismo creía: “los individuos solo constituyen una clase si sostienen una lucha común contra otra clase” (Ideología alemana).

Al resolver el problema de la libertad política, la República Constitucional es la brújula indicativa del campo magnético donde se pueden superar los conflictos sociales. Pues en ella se unen, con naturalidad, la lealtad del principio individuante de la sociedad, con la verdad-libertad del principio individualizante de la persona. La teoría de la República Constitucional es la teoría del continente invariante en la polaridad de los conflictos sociales.